Teclados

 

En tres años que hace que tengo ordenador he "fundido" cuatro teclados.

No es que los funda en el sentido literal de la palabra, sino que acabo borrando las letras de las teclas.

Cuando tenía once años empezaron a enseñarme mecanografía y pasé los 4 años del bachillerato dando una clase semanal de esta materia.

Aprendí a teclear con todos los dedos y memoricé la posición de la letras para poder escribir sin mirar al teclado y aunque nunca logré hacerlo demasiado deprisa, si podía escribir sin mirar, (o al menos sin mirar demasiado).

Usábamos unas Olivetti parecidas a esta que ves aquí, con unas teclas lo suficientemente suaves como para permitirnos pulsarlas con el dedo meñique sin dejárnoslo en el intento.

Cuando acabé el bachiller elemental, a los 14 años, entré a trabajar en una oficina.

Allí me pasaba el día escribiendo a máquina, (se suponía que había aprendido para eso), pero había un "pequeño" problema.

La máquina que usaba era algo distinta a la que había usado para aprender.

Era una Underwood casi de museo, mas o menos como ésta, con unas teclas criminales.

Las de la Olivetti eran muy similares a las del teclado del ordenador, ergonómicas y suaves al tacto.

Las de la Underwood eran redondas, con un reborde metálico, que destrozaban las uñas y los dedos, y más duras que un ladrillo, como puedes apreciar en la imagen,

así que había que escribir pulsándolas con ganas, lo que hizo que me acostumbrara a escribir con los dedos corazón de ambas manos, que era en los que tenía más fuerza, aunque ésto me obligaba a mirar el teclado.

Encima, no podias escribir demasiado deprisa, pues las palancas de las letras se trababan y había que destrabarlas, lo que te dejaba unos dedos llenos de pringue, mezcla de grasa y tinta, que no había forma de limpiar.

Después de cinco años en aquella oficina, con aquel trasto, todo lo que había aprendido de mecanografía quedó reducido a humo y ya no era capaz de escribir con todos los dedos y sin mirar el teclado, (aunque sigo recordando la disposición de las letras en él y, por tanto, escribo bastante rápido).

Por supuesto también me quedó la costumbre de pulsar las teclas con fuerza y si a ello unimos que suelo llevar las uñas bastante largas, el resultado es que a los pocos meses de tener un teclado nuevo las letras más usadas empiezan a borrarse, lo que hace que escriba lo que no corresponda y tenga que retroceder y rectificar demasiado a menudo para mi gusto y cuando ya no aguanto más cambio el teclado.

Pero ¿que hacer con los teclados desechados?.

No los puedes regalar, pues no son demasiado útiles, ni tirarlos así como así a la basura, (hay que tener en cuenta el medio ambiente), de manera que me estoy convirtiendo en coleccionista involuntaria de teclados inútiles.

No se, cuando tenga unos cuantos más, igual me da por hacer con ellos una escultura.

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